APRENDER JUGANDO

Lo dicen los expertos: el juego tiene múltiples beneficios para los niños. Jugar es una actividad clave en el desarrollo de cualquier niño.

Jugar es una de las primeras actividades que aprenden, y a pesar de que parece algo meramente recreativo, el derecho al juego, la recreación y el esparcimiento es fundamental para el desarrollo pleno de la infancia. El juego constituye una de las formas más importantes en las que los niños pequeños obtienen conocimientos y competencias esenciales.

El juego no solo tiene una función lúdica, sino que es también una actividad esencial favorecedora del desarrollo integral de los niños y un modo de expresión fundamental durante la infancia. Jugar es crear, explorar, descubrir, divertirse, experimenta… Por esta razón, las oportunidades de juego y los entornos que favorecen el juego, la exploración y el aprendizaje práctico constituyen el fundamento de los programas de educación preescolar eficaces. Jugando, los niños aprenden y desarrollan competencias clave. El juego motiva a los niños a experimentar el aprendizaje a través de un sistema de prueba y error, sin miedo al fracaso y sin la presión de cumplir las expectativas impuestas por los adultos.  

Los niños cada vez tienen menos tiempo para el juego, entre otras cosas porque, en demasiadas ocasiones, están supeditados a actividades extraescolares, por lo que dedican menos del 20% de su tiempo al juego. Aunque en muchas ocasiones no nos demos cuenta, jugar tiene múltiples beneficios para los niños.

Childhood. Two kids at home

Habilidades que se desarrollan al jugar:

 

Competencias sociales
Jugando, los niños aprenden a conocerse a sí mismos, a construir su representación en el mundo y aprenden las normas sociales necesarias para integrarse en la sociedad.

Incrementan su capacidad para la interacción, aprendiendo poco a poco a compartir, respetar reglas y turnos, colaborar con otros, manejar la frustración cuando pierden, al igual que el respeto cuando ganan.

Las relaciones entre iguales son esenciales por lo que el juego las facilita fomentando el compañerismo, trabajo en equipo, respeto a los compañeros y aceptación de las normas establecidas. A través del juego, los más pequeños aprenden a crear y mantener amistades, un valor que les enriquecerá como personas, además de reconocer y responder a los sentimientos de los demás, compartir, mostrar afecto…

Desarrollo intelectual
Desde el nacimiento hasta la edad de tres años, el cerebro de los niños se desarrolla a un ritmo más rápido que en cualquier otro momento de sus vidas, lo cual lo convierte en un momento idóneo para aprender y comprender realmente las habilidades cognitivas, como prestar atención, razonar, recordar cosas que han aprendido y experimentado, y las habilidades motoras.

Mientras juegan, a menudo afrontan tareas cognitivas estimulantes. Los niños van desarrollando su capacidad de explorar a través de sus sentidos y de su razonamiento: investigan, analizan, examinan, deducen, organizan, etcétera.

El juego implica también actividad mental, ya que a menudo éste conlleva aspectos como fantasía, invención, creación, investigación, razonamiento… El desarrollo cognitivo en el juego se produce cuando los niños tienen que recordar, pensar y asociar determinados conceptos. Por tanto, juego estimula el desarrollo de las capacidades de pensamiento, de la creatividad infantil, y crea zonas potenciales de aprendizaje.

Fomenta la creatividad
Mediante el juego los niños aprenden a crear, descubrir e imaginar experiencias a través del mundo de la fantasía. Los niños tienen la libertad de explorar nuevas posibilidades, pensar de forma innovadora, aportar soluciones… lo cual también les ayuda a conocerse a ellos mismos. Cuanto existan más posibilidades de interactuar y explorar su entorno, el niño desarrollará su creatividad al máximo.

Muchos juegos permiten a los más pequeños estimular su pensamiento abstracto y aprender a resolver problemas imaginando posibles soluciones. En este aspecto, destaca el juego simbólico, en el que el niño se inventa su propio mundo a partir de aquello de lo que vive, adaptándolo a sus necesidades.

Desarrollo del lenguaje y la comunicación
Mientras juegan, los niños de 0 a 3 años empiezan a balbucear y gesticular. Después, poco a poco, comienzan a usar palabras para comunicarse. Los niños entre 3 y 5 años de edad aprovechan el juego para utilizar las palabras que conocen y para aprender nuevas.

Al jugar con otros, los niños aprenden el arte de la comunicación. Vienen a reconocer tanto el lenguaje verbal como el no verbal -las expresiones faciales, el lenguaje corporal…-. Esto los convierte en seres más sociales y con mejor vocabulario, ya que descubren cómo adaptarse a cada situación, entablar y mantener conversaciones, y cómo expresar sus pensamientos y deseos de una manera que no hiera a los demás, etc.

Desarrollo físico

Las capacidades motoras es otro de los aspectos que se ven favorecidos a través del juego, sea corriendo, saltando, trepando… Todos los juegos de movimiento tienen un papel relevante en el desarrollo psicomotor de los más pequeños, contribuyendo a la maduración nerviosa y estimulando la coordinación de las diferentes partes del cuerpo. Es a través del juego como se ejercitan y perfeccionan su coordinación, equilibrio, habilidades de motricidad gruesa (movimientos grandes como gatear y caminar) y habilidades motrices finas (movimientos más pequeños como recoger objetos), y se desarrollan las capacidades sensoriales. Cuando el niño practica un juego que requiere alguna actividad física, ejercita su coordinación.

Coordinación viso-motriz
La coordinación viso-motriz implica el ejercicio de movimientos  controlados y deliberados que requieren de mucha precisión, son requeridos especialmente en tareas donde se utilizan de manera simultanea el ojo, mano, dedos como por ejemplo: rasgar, cortar, pintar, colorear, enhebrar, escribir, etc.

En la etapa pre-escolar, en los cinco primeros años, el niño requiere de la manipulación de objetos para el desarrollo de su pensamiento y el aprendizaje sucesivo de habilidades más compleja como la lecto-escritura, pues ésta implica el funcionamiento de procesos como la atención y la coordinación de la visión con los movimientos de manos y dedos. Por ello, es necesario el uso de material que desarrolle estas habilidades.

Atención y observación
Cuando los niños juegan a algo que realmente les resulta atractivo, los niveles de concentración y atención mejoran. Es recomendable utilizar juegos relacionados con los propios intereses del niño para que el resultado sea más motivador. 

Educación emocional
En el juego se activan todos los recursos y capacidades del niño, siendo un mecanismo de autoafirmación de la personalidad, por lo que el juego le da al niño la autoestima y confianza en sí mismo para desarrollar relaciones, entender conceptos y comprender el mundo que lo rodea, incluyendo su manera de enfrentar el triunfo y la derrota.

El juego permite a los más pequeños conocerse mejor, ver sus fortalezas y debilidades y contribuir en la construcción de su autoestima.

Cuando un niño está contento y relajado el aprendizaje es mucho más eficaz debido a que llegan al punto de desconectar y olvidar parte de sus frustraciones.

El juego les ayudará a tomar decisiones en su vida cotidiana y a tratar de solucionar situaciones complicadas. A su vez, fomentará la confianza en sí mismos y disminuirá el miedo que muchos niños tienen a fallar o perder. Todo ello irá enfocado a una mejora de su autoestima.

Pero los beneficios son más aún: la creación de vínculos afectivos y el aprendizaje de hábitos, actitudes y comportamientos se ve fortalecido al compartir espacios y juegos con otros niños y niñas. El aprendizaje mediante el juego estimula la satisfacción, el autocontrol, habilidades comunicativas y sociales y por último, aumenta la motivación y responsabilidad.

Adquisición de valores:  La mejor forma de transmitir valores es mediante la práctica. ¿Y que hay más práctico que vivir un juego, en el que todo nuestro cerebro se concentra en una misma actividad?

Por este motivo, el juego es fundamental para el desarrollo del niño, sobre todo jugar con otros niños, para potenciar el aprendizaje de valores, la creatividad, la inteligencia, el respeto a la norma, la capacidad de resolver problemas y afrontar nuevos retos por sí mismos. Todos estos beneficios les darán las habilidades que necesitarán en la vida adulta.

Los primeros años son importantes.

 

Las investigaciones científicas realizadas en los últimos 30 años nos han enseñado que el período más importante del desarrollo humano es el que comprende desde el nacimiento hasta los ocho años de edad. Durante esos años, el desarrollo de las competencias cognitivas, el bienestar emocional, la competencia social y una buena salud física y mental forma una sólida base para el éxito incluso bien entrada la edad adulta. Aunque el aprendizaje tiene lugar durante toda la vida, en la primera infancia se produce con una rapidez que luego nunca se igualará. Los años correspondientes a la educación preescolar constituyen la parte central del período de la primera infancia, y son los que fundamentan el éxito tanto en la escuela como después de esta. Aunque este informe se centra en los años que corresponden a la educación preescolar, debemos señalar que el aprendizaje a través del juego resulta pertinente durante todo el período de la primera infancia e incluso después de esta.

Desde la concepción hasta los 2 años

Con la estimulación adecuada, el cerebro del niño forma conexiones neuronales a un ritmo de al menos 1.000 por segundo. Sin embargo, existen indicios recientes de que dicha velocidad podría ser de hasta un millón por segundo. Estas conexiones se ven potenciadas por los entornos ricos, afectuosos y protegidos, en el contexto de una prestación de cuidados receptiva y lúdica que potencie el establecimiento de lazos de unión y de un vínculo seguro, contribuyendo así a un desarrollo emocional positivo.

De los 3 a los 5 años

Es la época habitualmente conocida como “período preescolar”. Las competencias lingüísticas, socioemocionales y cognitivas del niño experimentan un rápido desarrollo. Durante este período resultan esenciales la estimulación y el aprendizaje derivados de actividades como jugar, leer o cantar, así como de la interacción con los compañeros y con los adultos que cuidan del niño, tanto en casa como en entornos de educación preescolar de calidad. El juego en el período preescolar permite a los niños explorar y dar sentido al mundo que les rodea, además de utilizar y desarrollar su imaginación y su creatividad.

De los 6 a los 8 años

Este período normalmente coincide con los primeros cursos de la escuela primaria. El aprendizaje basado en el juego sigue teniendo una importancia crucial, pero a menudo se descuida en favor de enfoques educativos centrados en objetivos académicos. Sin embargo, en este período, los enfoques de aprendizaje activo basado en el juego pueden transformar las experiencias educativas de los niños en los primeros cursos de primaria y fortalecer tanto su motivación como los resultados de aprendizaje.

kids

¿Cómo podemos los adultos estimular el juego en los más pequeños?

 

Debemos facilitar espacios apropiados para ello y momentos en los que puedan expresarse y actuar libre y espontáneamente.

Asimismo, no olvidemos que cualquier actividad puede convertirse en un juego, aportando así diversión y un carácter lúdico al día a día. Por tanto, enriquecer  a través de diversidad de  propuestas de juego pero sin imponer.

La  actitud de  acompañar al niño en el juego es de vital importancia y crea la diferencia. No se trata de dirigir la experiencia sino de participar con su presencia, como un compañero simbólico de juego. Debemos  orientarles, animarles y apoyarles para fomentar la autoestima y la autonomía en el juego.

Y por último, pero no menos importante, observar, no simplemente mirar o vigilar.

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